Cumplimos con programas y simulamos enseñar y probablemente de vez en cuando aceptamos que los alumnos no aprenden historia, no porque ellos sean dispersos y flojos, sino porque nosotros, maestros, no sabemos enseñar historia.
¡Cuánto se ha hablado del constructivismo! Llevamos casi dos décadas intentando implementarlo en las aulas. ¿Hemos dado un espacio a esta construcción del saber histórico?
Seguramente un número reducido de maestros lo ha logrado y muy probablemente sus alumnos reconozcan en la historia no la anécdota, no la narración de hechos sin sentido; sino la ciencia que debería ser en si misma, la que promueve aprendizajes (cambios) en los sujetos que conocen, la que te convierte en sujeto histórico.
Hoy en día quienes enseñamos historia en las aulas, somos los alumnos que aprendimos contestando cuestionarios y memorizando. Que encontramos en el relato romántico de nuestros maestros del pasado, fuentes para la imaginación y la identidad sentimentaloide. Pero que por desgracia tenemos en nuestro haber una historia fragmentada, netamente orientada en un solo sentido, el que en su momento dio el maestro o el texto en turno.
Mi práctica, ¿acaso es distinta? No, tristemente no. Llevo siendo maestra casi 30 años,
20 de los cuales estuve segura que la historia era lo que yo aprendí cuando niña y he vivido cerca de 10 haciéndome estas preguntas: ¿Historia? ¿Para qué?
Y quizá fue cuando se dio toda aquella indignación por la desaparición de la enseñanza de la Historia en 1° de secundaria cuando haciendo eco a ella decidí tomar partido por su conveniencia.
Fue entonces cuando comencé a intentar cambios, que a la distancia veo eran de forma, nunca de fondo, con los que buscaba dar un sentido a esa asignatura que veía ser aniquilada, ya no por mi que tanto la había ignorado, sino por esas autoridades que desaparecían de facto, el sentido de la historia en la Educación Básica.
Hoy he decidido dar un paso más. Necesito un cambio de fondo. Mi práctica docente necesita con urgencia su transformación. He dado el primer paso. Estoy decidida a encontrar el sentido de la Historia en mi vida y por añadidura, en el aula, en mis alumnos.
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